Escribir un libro, especialmente si se trata de una novela histórica , supone someterse a un periodo de aislamiento que puede durar años en bibliotecas, desvanes y archivos. Es casi aceptar un pacto de encierro en busca de voces olvidadas. Si el escritor o escritora se ve aquejado por el miedo a la hoja en blanco y los ataques de inseguridad que acompañan al proceso creativo,el camino puede llegar a ser abrupto , duro, cruel, lesivo y tortuoso.
No ha sido fácil desenterrar datos inéditos sobre María Luisa de Borbón y Vallábriga, duquesa de la San Fernando de Quiroga, ni sobre su hermana, María Teresa de Borbón y Vallábriga, condesa de Chinchón. Ambas son hijas del Infante don Luis, nietas de Felipe V e Isabel de Farnesio, y protagonistas esenciales de esta historia. A veces me sentía como Sir Perceval en Excalibur, una de mis películas predilectas: sola y exhausta, no sobre un corcel, sino sobre uno de esos ingenios que mueven las piernas por ti para evitar las varices cuando llevas dieciocho horas sentada, absorta en dos siglos que no son los tuyos, el final del XVIII y la primera mitad del XIX.

En este viaje hubo quienes me tendieron la mano. Es justo hablaros de ellos. Uno de los más generosos fue Luis Español Bouché. Solo conocía su nombre por un libro que utilicé como fuente mientras escribía Los Borbones y el sexo.
El libro de este investigador, historiador y escritor lleva por nombre Nuevos y viejos problemas en la sucesión de la Corona española, y fue publicado por Hidalguía. Me animé a escribirle con una duda sobre la madre de mis protagonistas, la llamada «infanta aragonesa», María Teresa de Vallábriga, a quien Goya retrató en lienzos que aún nos interrogan desde las salas de los museos. Luis, además de autor de la biografía para la Real Academia de la Historia de esta mujer , resultó ser —como ya me ocurrió con Nieves Michavila, de quien hablaré en otro momento— pariente lejano de mis protagonista. María Luisa de Vallabriga Rozas Español Drummond de Melfort comparte su tercer apellido con él.
A Luis le debo más de lo que imagina. Me regaló uno de los mejores consejos que puede recibir quien escribe: “Hazlo como lo sientas. Deja que te guíe el instinto.” Y así lo hice. Como Sir Perceval al encontrar el Santo Grial, salí de las marismas tenebrosas que amenazaban con engullirme y, por fin, cabalgué a galope tendido. Las palabras comenzaron a fluir como si los propios personajes, desde algún rincón del más allá, me las dictaran. Quienes lean La duquesa salvaje sabrán que no exagero.

Hace unos días, tuve el honor de participar en una tertulia de historia en el Real Casino de Madrid, uno de los lugares más bellos de la capital. Fui invitada por Luis, quien la dirige junto a José María Lancho. Allí hablé sobre los matrimonios morganáticos —tema central de mi novela— precisamente el día en que los Reyes de España celebraban su vigésimo primer aniversario de boda. Fue morganático el enlace entre María Teresa de Vallábriga y el Infante don Luis; no así el de su hija, la condesa de Chinchón, con Manuel Godoy, pues la reina María Luisa elevó a este último a la dignidad de príncipe. Que una de las personas que más sabe de matrimonios morganáticos me haya invitado a hablar de este tema en una institución tan prestigiosa como el Casino, no solo me llena de orgullo, por lo menos he engordado cinco kilos de satisfacción.

Solo puedo tener palabra de agradecimiento para los socios y el público invitado que asistió a la tertulia, donde abordamos temas muy interesantes relacionados con la historia de España y con el argumento de la novela donde como reza el resumen de la contraportada «Aventuras, romanticismo, pasión, heroísmo, celos, escándalos, ambición, vicios inconfesables y terribles secretos se dan cita en La duquesa salvaje, una novela histórica en la que Marta Cibelina relata con un ritmo trepidante los diversos matices de un vínculo fraternal marcado por el amor y la rivalidad de dos mujeres fuera de lo común».

No sé si este libro se convertirá en un best seller. Lo que sí sé es que gracias a él he recorrido,casi todos los lugares donde vivieron sus protagonistas. He caminado por los palacios de Boadilla del Monte y de Arenas de San Pedro, que el próximo día 31 se hermanarán. Solo me falta la Rue Thaibout, en París, donde María Luisa vivió exiliada, al igual que su hermana, la condesa de Chinchón, desterrada por Fernando VII. Queda pendiente un viaje a Francia con Luis Español, que casualidad de casualidades, es medio francés como la dinastía Borbónica.
Antes de despedirme, os dejo una cita: este domingo, de 20 a 21 horas, firmaré ejemplares en la caseta de La Esfera de los Libros, en Madrid. Será un placer encontrarme con quienes compartís la pasión por la historia y la literatura.
Aprovecho para dejaros la convocatoria de la firma de libros que tendrá lugar este domingo de 20 a 21 horas en La Caseta de la Esfera de los Libros en Madrid.







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