El asunto de Zapatero y sus hijas imputadas lleva camino de convertirse en toda una epopeya digna de una serie de televisión, sin llegar a la altura ‘La duquesa Salvaje’, que aprovecho para recomendaros como lectura para estas vacaciones estivales. También va sobre dos , en el caso de María Luisa y María Teresa de Borbón y Vallábriga, con conventos, palacios, vestidos de corte imperio, amantes y pretendientes regios o semirregios y secretos familiares inconfesables.
A mi protagonista, María Luisa, Duquesa de San Fernando, y a su hermana, la Condesa de Chinchón, su tío Carlos III las mantuvo alejadas de la corte encerradas en el Convento de San Clemente en Toledo, no para protegerlas, sino para que los españoles olvidaran que alguna vez habían existido. Tal era su miedo a que o bien ellas o sus descendientes, o su hermano el Don Luis de Borbón y Vallábriga hijo del infante Luis de Borbón, pudieran esgrimir sus derechos dinásticos en el caso de que falleciera sobre sus hijos, nacidos fuera de España.
Tanto Zapatero como Ana Obregón intentaron proteger la privacidad de su prole con todos los medios a su alcance. Ana incluso, gracias a sus contactos, su empuje y su perseverancia y al ministró que comía filetes de vacas cuerdas a dos carrillos, impulsó una nueva ley que obligó a que los editores de vídeo televisivos de toda España se acordaran de sus antepasados cada vez que tenían que pixelar frame a frame la imagen de un menor, harta de que los cámaras sorprendieran a Álex, un muchacho que valía muchísimo, cuando era un tierno infanta de mofletes regordetes y rizos sedosos.
. Ana, una mujer que me cae muy bien y cuya vida si da para inspirar cincuenta series, si ella se _dejara desde aquí me ofrezco_, defendió como una leona la privacidad de su hijo. No voy a hablar de su nietecilla adoptada, que es monísima y no tiene la culpa de esos cambios de rumbo en las decisiones de su progenitora.
Y sí voy a hablar de Zapatero, quien dicen que les ha dicho «me voy a dejar la piel para protegeros» , según recoge Informalia.
Hay una asunto que me traía de cabeza hace unos días, y eran unas fotos de uno de los dos últimos presidentes socialistas, no recordaba si de Zapatero o de Pedro Sánchez. El presidente, en las nubes de mi memoria desgastadas con neuronas inconexas como un queso gruyere, se me representaba como un hombre delgado y aparente con una mujer muy guapa y dos niñas en bikini muy monas sobre una Zodiac, una canoa o una tarima acuática sobre el agua. Nada de yates. Tras alguna llamada y consulta para ubicar con detalle aquel recuerdo, mucho menos vigoroso que otras fotos relacionadas con vestimentas góticas, he conseguido saber lo siguiente.
Los hechos fueron, en esencia:
- En 2004, poco después de llegar a La Moncloa, una revista del grupo Hearst (concretamente Diez Minutos) publicó fotografías de Zapatero, su esposa e hijas durante unas vacaciones en la playa. La familia expresó su profundo malestar y pidió que no se publicaran más imágenes de sus hijas. Esa petición se hizo mediante un burofax o comunicación formal dirigida a la revista, sin recurrir a una demanda judicial. Actuaron de forma muy similar a otros famosos como Víctor Manuel y Ana Belén, de quien algún día os contaré una anécdota relacionada con este tema.
- A partir de la protesta por la publicación de aquellas fotos se consolidó un “pacto tácito” entre la mayoría de los medios para respetar la privacidad de las menores.
- Todo el equilibrio se rompió en 2009, cuando la Casa Blanca difundió una fotografía oficial de la familia Zapatero junto a los Obama en Nueva York. Ellas vestían unos atuendos góticos que fueron muy comentados en redes. Tras la petición del Gobierno español, la imagen fue retirada de la web de la Casa Blanca, aunque ya había sido reproducida por numerosos medios. Y a mí me dio mucho juego en este mismo blog: https://www.martacibelina.com/otras-propuestas-para-las-hijas-de-zapatero/
En cuanto a Pedro Sánchez, también ha intentado proteger la intimidad de sus hijas. Han circulado algunas fotografías de vacaciones o en la playa, pero no hay constancia de un episodio equivalente y tan conocido de reclamación a una revista en contexto como el de Zapatero. Es más, las revistas y confidenciales que publicaron las fotos, en las que se podía ver a un Pedro Sánchez algo barrigón contra todo pronóstico, alegaron que publicar fotos del Presi era problemático para rebajar el precio de las fotos.
Y ahora va aquí la pregunta que me hago en latín porque esto de las hijas de Zapatero pinta como lo de los cristianos que se echaban al Coliseo para que los leones se los comieran y el público se distrajera. ¿No ha querido seguir protegiendo Zapatero a sus hijas como entonces? ¿En qué momento dejaron de ser para él lo más importante? ¿Es Zapatero realmente un bambi con las mejores intenciones y los peores resultados? Cuando ocurrió lo de los vestidos góticos alguien dijo que la culpa la tenía él por no haber prevenido lo que podía haber pasado. ¡Como iba a gobernar un país un hombre que no sabía mandar en su casa y aconsejarles a unas niñas lo que debían ponerse para ir a la Casa Blanca!
En aquel momento Zapatero respetó la libertad de sus hijas, pero no tengo tan claro que lo haya hecho después en el caso de la empresa What de Fav, que quiso llamarse ‘What the f.ck’, que significa «Qué carajo», en castellano. Felipe González ha dicho que deberían no ser imputadas, no porque estén malitas, como ha insinuado Federico Jiménez Losantos del hermano del Presidente actual al que considera inimputable, sino porque no han sido ellas quienes se han metido solitas en ese berenjenal de la empresa de tan sugerente nombre. Algo así no lo hace un buen padre, solo tendría razón de ser que lo hiciera un padre muy tonto, y parece que no es el caso. Hasta yo creí que era un hombre honesto. Me dan pena esas hijas educadas en un colegio público para que se defendieran como fieras en esta vida. Por cierto, Pablo, uno de los hijos de Felipe González más perseguidos por la prensa del corazón sabía proteger su intimidad él solito. Corría más que Luis Alfonso cuando fuimos a hacerle fotos para el Claro cuando se presentó al examen de selectividad hace tropecientos años. Y la niña, que bailaba ballet, salía de cuando en cuando en el Hola porque nos colábamos en las funciones de fin de curso camufladas de parientes. Eso es todo amigos. Me dan pena estas muchachitas. A lo mejor merecerían que las adoptara Ana Obregón. Ella nunca las animaría a meterse en negocios poco claros. De eso estoy segura. Hubiera potenciado su carrera como jugadoras de baloncesto, especialmente de la mayor, que si no era muy buena en otras materias, si era lo suficientemente aguerrida y grande como para hacer unos tapones que ni el famoso de Fernando Martín a Tkachenko.
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junio 24, 2026
Has dado la mejor solución, que las adopte Ana Obregón 😉