Tengo un chisme desde hace mucho tiempo que no contaba porque todo el mundo me decía que era una gilipollez. La fuente es más clara, pura y nítida que el cutis de la actriz coreana de Extraordinary Attorney Woo, una abogada extraordinaria. Una mente sensata que me aprecia me aconsejaba que no me metiera en líos por una tontería semejante.
Sin embargo, veo tantas gilipolleces en los medios sobre Rodríguez Zapatero y hay tanta saturación con este monotema que ya nos tiene abotargados (y que, por otro lado, se sabía desde hace mucho: los negocios del expresidente con Venezuela), que me siento en la obligación de contribuir con una más. Si la pensáis bien, tampoco es tan tonta… al menos para mi mente insensata.
Imaginaos a una señora de la limpieza procedente de los países del Este: trabajadora, colaborativa y con mucha iniciativa, pero acostumbrada a las zonas de «gente bien» de Aravaca, Pozuelo, Monte Alina y demás guetos de ricos de la meseta. Trabaja para un ex presidente del Gobierno y una cantante de ópera. Él es encantador y siempre avisa cuando va a viajar a República Dominicana. Ella es más distante y está a lo suyo. La única pega de la casa es que tiene tres plantas y necesitaría más servicio, pero el matrimonio que la habita tiene miedo de que les llamen burgueses.
La empleada tiene que recoger el buzón, atender mínimamente a los escoltas (porque, a diferencia de otro mandatario venido a más y su famosa vivienda, el ex presidentesí les deja entrar en casa a hacer las aguas menores como decía mi señorita María de párbulos), cocinar, limpiar y, lo peor de todo para una mujer tan trabajadora: organizar la casa. Porque la señora ex presidenta no es precisamente como las amas de llaves que salían en Arriba y abajo o en Downton Abbey.
Y un día, la señora de la casa, sin avisar, decide invitar a su progenie o a unos amigos a comer y tiene la feliz idea de comprar un kilo de boquerones. Ya nunca la vida volvería a ser igual tras el kilo de boquerones, que fue la gota que colmó el vaso.
La señora ex presidenta le pide a la empleada que prepare los boquerones para la cena (o la comida, no recuerdo bien). Preparar un kilo de boquerones lleva su tiempo: limpiarlos, quitarles las tripas, enharinarlos, freírlos en buen aceite de oliva… Cuando la fuente ya estaba preparada y puesta en la mesa, la señora de la casa puso el grito en el cielo: «¿Cómo se te ocurre preparar un kilo de boquerones para solo dos personas? ¡Haber hecho unos poquitos y congelar el resto!»
Como las amas de llaves-chicas-para-todo están educadas para no rechistar, la empleada solo se atrevió a decir que la señora debería haberle dado instrucciones precisas de cuántos boquerones exactamente quería. Ese mismo día decidió abandonar la linda casita para irse a otra donde un malentendido semejante se salda con un «no se preocupe, coja un tupper y lléveselo a casa», . Algo que nunca ocurrió en el domicilio de la feliz pareja y que la empleada hubiera agradecido enormemente. Siempre es mejor regalar la comida que dejar que se eche a perder. Y aquellos boquerones que seguramente al final nadie se comió estaban tan buenos como los de El Palo de Málaga.
Eso sí, hay que reconocerle al ex presidente que era muy simpático y agradable con el servicio. No incordiaba nada, era campechano, se sentaba en la cocina a darle palique a la empleada… Al César lo que es del César: «el señor no era nada clasista». Pero como ni él ni su mujer se ocupaban de dar órdenes en la casa (él porque tenía mucho trabajo y ella… pues porque ella es como es), las cosas son las que son.
Un drama doméstico cocinado a fuego vivo
Son las cosas que tiene ser rico y de izquierdas: solo puedes tener una asistenta para que ningún cotilla diga que tienes servicio completo (cocinera, ama de llaves, señora de la limpieza y mayordomo). Aunque en realidad uses a una sola persona como mujer orquesta que haga las cuatro funciones. Pero todo tiene un límite, y la culpa fue de los boquerones de los co*one*.
(He puesto estrellitas porque está muy mal visto poner tacos en la red, y hasta «c*ca», «*c*lo» o «pis» ya van camino de ser censurados. No quiero que me cierren el chiringo ).
Os dejo un fragmento de una zarzuela muy ad hoc, interpretado por Ainhoa Arteta. No sé qué tal le iría a la voz de Sonsoles. Yo creo que se podría hacer una cancioncilla con la historia. Aquí van tres posibles títulos:
«El kilo de boquerones que hizo dimitir a la asistenta de Zapatero»
«Cuando Sonsoles se enfadó por un kilo de boquerones y la señora de la limpieza se fue»
«Ricos progresistas y el drama del kilo de boquerones: una crónica doméstica».
Pues eso, esto es todo amigos. Seguiremos informando.
mayo 27, 2026
Que chispa tienes Marta! Me he reído un monton
mayo 26, 2026
Jajaja 🤣🤣 Qué arte
mayo 26, 2026
Johnny, menuda basura de diminutivo, a mí me parece muy representativo de la personalidad de la parejita . Tanto o más que las joyas.
mayo 26, 2026
Menuda basura de artículo