Incidente en el tren de Madrid a Santiago: un encuentro inesperado
Ocurrió el jueves pasado en el tren de Madrid con destino a Santiago, que llegaba a las dos a Madrid. No he podido ni he querido escribirlo hasta ahora. Estaba en Galicia, prestando atención a mi souto, que podéis ver en este enlace de Instagram:
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¿Qué queréis que os diga? Lo del periodismo, que se supone que se lleva en la sangre como algo adictivo, es cierto, pero tengo otras prioridades. Estoy muy liada promocionando mi novela La Duquesa Salvaje, y, aunque tenía una noticia en exclusiva, podía guardármela una semana. Os recuerdo que últimamente ando por los siglos XVIII y XIX; el tiempo ya carece de importancia para mí. Si veis este texto, seguid leyendo.
Tanto me interesa esta novela histórica, a la que cuido como si fuera un hijo, a pesar de que me costó mucho trabajo escribirla, que, al encontrarme en medio de una situación kafkiana en el vagón de la cafetería, reaccioné de forma absolutamente inusual en mí. Había una mujer hablando de espaldas con otra que parecía su madre o su tía. Tenía un tipazo y llevaba un vestido de licra tricolor, de esos que usan las abogadas de postín antes de ponerse la toga en los juzgados. Era azul marino, verde y blanco. Muy delgada, muy bronceada y muy educada, me abrió la papelera para que pudiera tirar el vasito de papel a la única papelera que había. Por casualidad, una hora antes había presentado una reclamación en ADIF por dos motivos. Uno, la polvareda insana que nos estaban haciendo tragar a las nueve de la mañana junto a la tienda de caramelos, situada cerca de la entrada del AVE, mientras cortaban cemento por unas obras inacabables. Los obreros no llevaban mascarillas, pero los viajeros tampoco. El otro motivo fue el bache junto a la oficina de Atención al Cliente, con el que casi me tuerzo el tobillo, como me pasó a principios de año por culpa de una baldosa asesina en San Juan de la Cruz, en Madrid. Esa es otra historia, y ya me quejé a Almeida, que aún no me ha respondido.

Una, que no tiene la misma agudeza visual todos los días, caminó distraída hacia el vagón cuando, de repente, se armó un lío espectacular. Una chica alta, rubia, con pinta de «niña bien» y una larga coleta hasta la cintura, estaba chillando a la señora mayor que acompañaba a la delgada morena desconocida. Estaban a grito pelado. Reparé en la cara de la morena, que miraba hacia el suelo, y la abordé cuando la rubia, que seguía gritando a ambas, desapareció del vagón.
—¿Es usted Isabel Pardo de Vera, la presidenta de ADIF? —pregunté.
—No, ahora soy la ex presidenta —fue su respuesta.
—¿Qué le ha dicho esa joven? —insistí.
—Me ha llamado choriza y ladrona, así, tal cual —respondió.
En ese momento, tenía dos opciones: hablarle de mi reclamación a ADIF, azuzar a la espontánea justiciera para que siguiera insultándola y hacer la foto del siglo, que ya no soy capaz de hacerla, o comentarle que el periodismo ya no es lo mío, sino la investigación en siglos pasados y la novela histórica, y que los periodistas contamos muchas mentiras interesadas y el país está muy polarizado.

Diréis que soy una pelota rastrera, pero le dije que la información en los últimos tiempos obedece a intereses que van más allá de la verdad, la compadecí por el revuelo que le habían montado y le recomendé mi libro La Duquesa Salvaje. Me dijo que se quedaba con mi nombre y mi Twitter, que estaba preparando su declaración en los juzgados y defendió su inocencia, como hizo una hora después en una emisora. Imagino que no reposteará esto porque la inocencia no la he perdido. Aquí os dejo, a vosotros y a ella, un magnífico podcast que me hizo Carmen Fernández de Blas, la editora que confió en mí. En el podcast hablo de Los Borbones y el Sehttps://www.amazon.es/Los-Borbones-sexo-Felipe-Historia/dp/8413842026xo y La Duquesa Salvaje, de Felipe y de Letizia, de sexo, de poder, de historia y hasta de Ávalos. NO OS LO PERDÁIS
Postdata: La ex presidenta de ADIF veranea en A Pobra de Caramiñal, y creo que ha visitado alguna vez la cafetería donde le firme un libro a un lector muy distinguido. Podéis ver la foto en mi cuenta de Instagram. HE DE DECIR QUE ISABEL PARDO DE VERA TIENE UN PAR DE NARICES PARA VIAJAR EN RENFE SIENDO QUIEN ES. A LA VUELTA DE SANTIAGO EL TREN HACÍA UNOS RUIDOS QUE DABAN MIEDO, SE PARÓ EN ORENSE Y LLEGAMOS VEINTE MINUTOS TARDE. TAMBIÉN SE FUE LA LUZ VARIAS VECES.
julio 16, 2025
Yo la tiraba de los pelos
julio 16, 2025
Eres demasiado buena ❤️