Una sorpresa desde Alemania: la reseña de Teresa Novo Arteaga, una eminencia en literatura y sociología, sobre ‘La Duquesa Salvaje’

Cuando supe que Teresa Novo Arteaga, una mujer por la que siento un profundo respeto intelectual, profesora en Ciencias Germánicas y Sociología en Alemania, había leído mi novela «La Duquesa Salvaje» y me enviaría una reseña literaria —como se denomina a los comentarios sobre libros en Deutschland—, confieso que sentí un escalofrío de temor.

Teresa es una persona de una sinceridad intachable, con una coherencia admirable en sus acciones y principios, y absolutamente insobornable, incapaz de ceder ante cualquier presión social. Feminista y ecologista a ultranza, sus convicciones son sólidas como roca. Detesta la frivolidad y es descarnadamente contundente en sus opiniones, expresadas desde la autoridad. ¿Cómo no iba a temer su juicio esta gacetillera metida a novelista y ensayista, que ya ha superado el medio siglo cuando ha decidido dedicarse en serio a la literatura? Más aún cuando «La Duquesa Salvaje» fue escrita a contrarreloj.

Dediqué la mayor parte del plazo de tiempo que disponía antes de la entrega a documentarme en palacios, archivos, testamentarías y bibliotecas, dejando escasos meses para plasmarlo en papel. Si no fuera por la escritura automática, que no tiene nada que ver con la inteligencia artificial, sino con algo casi sobrenatural, no habría cumplido con los plazos de entrega. Temía leer lo que Teresa, una mujer que vive a caballo entre Alemania y Galicia y que no se casa con nadie, había escrito sobre ‘La Duquesa Salvaje’. Aquí comparto su reseña literaria, traducida del alemán. Cuando empecé a leerla tenía el corazón en un puño. Ahora, gracias a ella me siento más segura aún si cabe de que este libro puede gustar a todo tilpo de gente. No es una novela de verano, es mucho más.

«La duquesa salvaje“ de Marta Cibelina, por Teresa Novo Arteaga

Como esta duquesa, protagonista de la novela hace más de dos siglos, sería deseable que fuesen las mujeres jóvenes del primer cuarto del siglo XXI.

Pese a estar encerrada en un convento de monjas, con una absoluta carencia de cariño, bajo el peligro constante de ser víctima de abusos sexuales, sin recibir ninguna educación ni instrucción útil para la vida, María Luisa, la protagonista de «La duquesa salvaje“, se revela como una mujer inteligente, deseosa de vivir, consciente de las aberraciones de su familia y sensible a las necesidades de su cuerpo.

Esta novela, un paseo novelado por unos años de la realeza borbónica española, revela más sobre los bajos instintos —como la mezquindad, la envidia* y la avaricia— de los miembros de esta estirpe que cualquier libro de historia, en los que lo humano apenas aparece. Por ello, merece ser comentada aquí.

Con un lenguaje atrevido, repleto de ironía, claro y explícito, la autora nos presenta a un grupo de personajes de los Borbones y un tramo de la historia de España —real o ficticia, lo que no altera el resultado— totalmente ignorantes, gobernando (o más bien explotando) este país, y sumidos en las bajezas humanas. Estas bajezas también hicieron historia y se arraigaron en la sociedad española, transmitidas durante siglos, casi hasta nuestros días, por miembros de la realeza, representantes de la Iglesia, de los (no) políticos —pues Godoy, evidentemente, no era un político, sino un sátrapa— y también por el personal de servicio.

Este, aunque analfabeto, no era tan ignorante como para no percibir las maldades de la realeza y comentarlas en su lenguaje sencillo con la gente común, instalando así comportamientos deplorables en la sociedad. La cantidad de personajes puede desorientar a lectoras y lectores que, como esta comentarista, desconocen casi todo sobre la historia de la realeza europea. Sin embargo, la novela permite percibir con claridad el comportamiento de este colectivo en toda su falta de moral o, más precisamente, de ética.

La avaricia, no tanto por poseer bienes —que ya tenían por derecho propio, pues, como todos sabemos, fue la Iglesia la que durante siglos agasajó a la realeza otorgándole tierras y dejando a los campesinos desposeídos, sin posibilidad de cultivar una parcela para evitar el hambre y abandonados al pauperrismo**—, sino por el poder, así, a secas.

El ansia de poder elimina cualquier posible sentimiento humano o valor ético, no porque estos estén ausentes, sino porque quedan anulados por el instinto malsano del poder. No nos interesan, aunque posiblemente escandalicen a las clases conservadoras puritanas con su doble moral, los escarceos individuales.

Sin embargo, los atropellos sexuales sí manifiestan un desprecio y un férreo dominio de los miembros masculinos sobre los femeninos, que han enraizado tan profundamente en la sociedad española que, hasta nuestros días, no ha sido posible erradicarlos por completo. De hecho, actualmente están repuntando.

Lo que sí interesa desde un punto de vista sociológico son las bajezas humanas en general y familiares en particular. La leyenda de la familia española como el colchón que acoge a todos sus miembros queda en evidencia. Esta leyenda persiste, y las políticas de derechas, de extrema derecha, así como los sectores reaccionarios y misóginos de la Iglesia, siguen propagando hoy día la familia formada por hombre y mujer como el baluarte del Estado, de la sociedad y de la Iglesia.

Esta novela, de manera sutil y sin caer en juicios moralizantes, nos muestra los mezquinos comportamientos de las familias reales en la cúpula del Estado.Volviendo a la encantadora protagonista, María Luisa, la autora le dedica simpatía y admiración.

María Luisa de Borbón y Vallábriga

En un lenguaje poético y sensible, Marta Cibelina narra los deseos, las dudas y la firmeza de esta joven duquesa. Es directa y admirable la conversación con su hermano, cuando ella, con apenas dieciséis años, no se altera mientras el cardenal se sonroja.

El capítulo 32, que describe la noche que María Luisa pasa con el hombre que ama, rebosa de un lenguaje descriptivo, sensible y bello, que aborda el erotismo sin escandalizar ni hacer sonrojar, salvo a quienes no saben disfrutar de su propia naturaleza.

No me atrevo a pronosticar si «La duquesa salvaje“ trascenderá como obra literaria, pero sí es una valiosa aportación a la literatura sobre la realeza. Se lee con facilidad, aunque la densidad de personajes puede resultar confusa. Es divertida y seria, con un lenguaje que alterna entre lo coloquial y lo poético, y no aburre. La técnica literaria de las perspectivas que aportan las dos protagonistas —sí, también María Teresa, hermana de María Luisa y esposa de Godoy, es una protagonista imprescindible en esta novela— es muy lograda. Vale la pena leerla.

María Teresa Novo Arteaga

* Sobre la envidia en general y la española en particular leer «La envidia igualitaria“ de Gonzalo Fernández de la Mora, quién aunque acérrimo fascista y enemigo de la democrácia, presenta aquí un buen análisis filosófico sobre la envidia.

**Este aspecto se puede leer en la biografía de Constancia de la Mora, nieta de Antonio Maura, «Doble explendor“, quien ve y cuenta en esta biografía el pauperrismo por tierras de Castilla, así como el desprecio de la nobleza y la iglesia por el pueblo en los años 30 del siglo pasado.

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