Desde hace tiempo tenía pensado hablar de un misterio que, sin llegar a la amargura, me trae por el camino de la perplejidad más absoluta. Una experta en marketing, redes sociales y cancelaciones me ha dicho que los tiempos del ‘Cuore’ y sus arghs ante los looks horrorosos femeninos pasaron a la historia, que está muy mal visto meterse con el aspecto y el look de las mujeres, y que me pueden crucificar en redes por hacerme preguntas en público como la que no dejo de formularme todos los días de la semana y fiestas de guardar.
¿Quién le hace o les cose los pantaloncitos a las presentadoras de Antena 3? Salvo a Mabel Redondo, la reportera de fin de semana a la que sacan en plató desde muy lejos y vestida como a una señora, con colores obscuros y chaquetas amplias como togas de juez, el resto luce lo que parecen muslos forrados con difíciles pantalones del tamaño de los que gastaban las Bratz, aquellas muñecas de comienzos del 2001 que nacieron para hacerle la competencia a Barbie. El espacio del tiempo, cuando no lo presenta Roberto Brasero, parece una oda al Tigh Gap. muy anacrónica, cuando hasta las Bratz actuales se visten con pantalones extraanchos y cómodos. Me niego a creer que se hayan puesto todas de acuerdo para vestir así, pese a lo mucho que impide desconectar a la adiencia la contemplació de semejante misterio, que da lugar a conversaciones a la hora de comer sobre lo incómodas que deben estar, que tipito tiene esta chica, se le sale el bolsillo del pantalón y demás minucias que distraen del contenido de las noticias…
Hoy iba a escribir una reseña sobre el último libro de David Torres, pero he decidido ciscarme en las recomendaciones, el SEO y las aburridas normas del ‘Clicbait’ y el Discover y su santa madre, esas normas que recomiendan llenar de paja la mitad superior de un texto hasta llegar a las noticias con tal de aumentar el tiempo de permanencia y eliminar la tasa de rebote. Un libro como el de David Torres, a quien ya traje a estas líneas por su libro «La Mujer que no entendía el mundo», se merece una entrada distinta. Lleva por título ‘Nieve Negra’, y lo edita ‘Reino de Cordelia’.
Lo protagoniza un personaje con solera y profundidad, un boxeador viejo y cansado, convertido en puerta de discoteca tras renunciar al trabajo de matón. Se llama Roberto Esteban y de haber vivido en otro tiempo y en otro lugar hubiera protagonizado un tango gardeliano ambientado en la marginalidad y los bajos fondos de lo más convincente. Roberto Esteban se llama el protagonista, y es un caramelito para cualquier actor si alguien se anima a hacer una serie sobre este personaje de novela negra.
Roberto Esteban, el ex púgil que es un auténtico caramelito para cualquier actor

Roberto es ex campeón de los pesos medios, pero gracias a él, David Torres, el hombre que le dio la vida real en papel para lo que es ya una trilogía, quedó finalista en el Premio Nadal de 2003 con ‘·El Gran Silencio’, y obtuvo dos importantes premios con ‘Niños de Tiza’. Concretamente el Premio Tigre Juan y el Premio Hammet de la Semana Negra de Gijón en el 2009.
A este personaje lo describen algunos como un antihéroe, pero es mucho más… Es un hombre de una vez, duro, fuerte, baqueteado, entero pese a su rodilla machacada y sus problemas de salud. David Torres, el autor, elabora gracias a él una novela con mucho ritmo, de esas que pueden leerse casi de un tirón sin respirar o robándo horas al sueño.
Tiene todos los elementos de la mejor novela negra: crimen, guerras de bandas, nostalgia, dolor, duelos, coraje, melancólía, nostalgia. Y lo mejor de todo es que su autor se recrea con aparente y descuidada facilidad en mimar el lenguaje utilizando poéticas y maravillosas metáforas. El ambiente de la noche de Madrid y sus personajes, incluso el de Benidorm, donde transcurre parte de la acción está descrito con tremenda maestría. ¿A cuántos ‘machacas’ búlgaros ha conocido David Torres para describir la indumentaria y las costumbres de Bogdan ‘Bobo’, compañero del protagonista, como lo hace? Y lo mismo puede decirse de los términos boxísticos que plagan el libro. Os recomiendo que lo leáis sí o sí.


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