El pasado 31 de octubre, día de Todos los Santos, estuve en el programa Estando Contigo de Castilla de La Mancha Televisión donde me trataron como a una verdadera emperatriz. El presentador, Alfonso Heviá, me preguntó si me había dejado muchas cosas por contar en el ‘Los Borbones y el Sexo, de Felipe V a Felipe VI’ , y contesté que por supuesto.
.Siempre que hablo de este libro, un ensayo histórico-sexual sobre la Monarquía española desde el siglo XVIII, los que no lo han leído me preguntan si tendrá tres tomos. Tiene solo 259 páginas. No cabía todo. Hay algo en lo que no incidí, y es en el estado anímico de Juan Carlos I tras la muerte accidental de su hermano Alfonso en Estoril. El pequeño murió fulminado por un tiro durante un viaje de fin de semana de su hermano mayor, entonces príncipe y cadete en la Academia de Zaragoza. Alfonsito, cuatro años menor que él —y no cuatro años mayor, como ha dejado caer en una errata en sus memorias el propio Don Juan Carlos—, murió de inmediato.
Mucho se ha hablado de este tema. Incluso hay quien ha dicho que con su muerte se quitó de en medio un rival para llegar a convertirse en rey. No es cierto, como bien cuenta en Mis conversaciones privadas con Franco, su primo y asistente, Francisco Salgado-Araujo: rivales eran Carlos Hugo de Borbón-Parma o Alfonso de Borbón, quien más tarde se casaría con la nieta de Francisco Franco. Fue un accidente fruto de la negligencia tanto del padre, por dejar que hubiera una pistola cargada en casa, como del hijo mayor, que algunas nociones sobre el manejo de armas debía tener, dada su condición de militar.

El caso es que mientras hacía indagaciones para aquel libro pude saber que Juan Carlos sufrió un crisis mística terrible. Hablaba todos los días con su confesor por teléfono y también con algún fraile de enorme confianza. La vida carecía de sentido para él y pensó muy seriamente en hacer los votos para convertirse en cura o monje y alejarse de la vida mundana. Hubo incluso un breve, brevísimo periodo de castidad, pero al Rey le ocurrió lo mismo que al hermano de un antepasado suyo del que escribo mucho en mi novela ‘La Duquesa Salvaje’ que presento en la Biblioteca de Cuenca el próximo día 28 de noviembre.
A Luis de Borbón y Farnesio, hijo de Felipe V, y padre de mis protagonistas, María Luisa de Borbón y Vallábriga, duquesa de San Fernando, y María Teresa, condesa de Chinchón, le gustaban demasiado las mujeres. Así lo cuenta mi protagonista en el libro, narrado a varias voces: «Para el goce de la carne no añaden nada los blasones. Y eso lo sabía muy bien mi padre, el infante don Luis, quien quiso incluso casarse con criadas y hasta con putas. Una se llamaba Mariquilla y otra Antoñita, y les escribía las cartas de amor más bonitas que ha escrito nunca ningún Borbón mujer alguna. El problema es que era cura, mejor dicho, cardenal arzobispo de Toledo desde los ocho añitos de edad».
El Rey Juan Carlos y su competencia desleal, al ataquerrrr
Como estoy algo enfadada porque Juan Carlos se haya puesto a hacernos la competencia a los escritores, biógrafos e historiadores contando mentirijillas, en días sucesivos haré una comparativa entre la correspondencia amorosa de Don Luis y la de Juan Carlos, que solo prometió a dos mujeres casarse con ellas, una era Corinna y la otra, por supuesto La Reina Sofía, a quien tan mala vida ha dado. Por supuesto, de su vocación monástica se olvidó, curó sus penas con métodos mucho menos celestiales.
Seguiremos informando. De momento os dejo el cartel de presentación del libro, y os espero en Cuenca.





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