El Rey Felipe y sus dudas existenciales con la máquina de los M&Ms

Miércoles, marzo 11, 2015 2 1

Ocurrió en los Kinépolis, una cadena de cines situada en el extrarradio de Madrid, hace cuatro domingos aproximadamente. Me lo ha contado un trabajador de la sanidad pública que me curó un dedo que me rebané cortando conejo. Me pide también que, ya que soy periodista, informe de que tendrá que trabajar el uno de enero y sólo cobrará cuarenta euros,que un festivo semejante se compensa, a lo sumo, por otro, y que sus condiciones laborales se deterioran a marchas forzadas. Con los recortes, ha aumentado el número de días de disponibilidad absoluta.  Y esto es duro, porque si tratan así a los funcionarios…¿qué no llegará a hacerse con el resto de los trabajadores? El dedo ha quedado perfecto, yo he cumplido y ahora os cuento lo que presenció mi informante casual sobre asuntos borbónicos y sanitarios.

El Rey, con pantalones de pana y camisa de sport, iba acompañado por la Reina Letizia, con abrigo obscuro ceñido y falda, que no paraba de hablar por los codos con alguien que a mi fuente le pareció un experto en cine, por los términos que utilizaba. Ellos seguían hablando, y el Rey, con toda la pintilla de estar harto de escuchar como daban la brasa, se paró ante unas máquinas expendedoras de M&Ms, con ganas de meterle mano al aparato, que lleva un cilindro y no es sencillo de manejaR si no se ha utilizado antes. Dudaba  Don Felipe de preguntarle a mi sanitario, miraba al aparato, le miraba a él, y salivaba al ver los conguitos de colorines, pero se quedó sin ellos y con ganas de averiguar el complicado funcionamiento del artefacto. Como Hamlet, pero con chuches de colorines… Y mi fuente con remordimientos de conciencia por no haberle ayudado. Y luego dirán que ser Rey no tiene servidumbres...

2 Commentarios
  • amaya
    marzo 22, 2015

    tanta carrea y no sabe manejar una expendedora de chuces

  • Fallera mayor
    octubre 25, 2015

    Aquí el Preparao hizo el ridículo en unas fallas. Imagínense a la pareja en el balcón del Ayuntamiento, acompañados de nuestra fenecida (políticamente hablando) Rita Barberá, en medio del ruído ensordecedor de la mascletá. Pues al buen hombre, no se le ocurrió otra cosa que taparse las orejas con ambas manos.
    Claro que si fuera inteligente, tampoco se hubiera casado con semejante elementa.
    En cuanto a las condiciones laborales del sanitario cotilla, he de decir que trabajé en una empresa pública domingos, navidades y otras fiestas de guardar y no se me pagó ni un céntimo más que si hubiera trabajado un martes cualquiera, esto con Suárez, Leopoldo y Glez.

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