Ha muerto Roberto Ramírez, el paparazzi más grande del mundo

Miércoles, mayo 2, 2018 4 1

Roberto Ramirez paparazzi argentinoSe nos ha ido Roberto Ramírez, paparazzi y vividor, argentino y bonaerense. No tenía fotos suyas para acompañar este texto, al menos fotos de aquellas como quería recordarlo, pero Graciela su prima, la persona que más se ha preocupado por él, me ha facilitado esta, es de un viaje suyo a Argentina. Muchas gracias.

Le conocí hace muchísimos años, cuando Víctor Steinberg, entonces jefe de fotografía de Cambio 16 le contrataba para hacer los trabajos finos e incluso peligrosos que nadie sabía hacer. Así me lo presentó, yo era entonces una becaria: “Aquí lo tienes, recuerda su cara, es el paparazzi más grande del mundo”.

Medía casi un metro noventa. Era gordo, grande y fuerte y, sin embarg
o, podía pasar completamente desapercibido. Hizo millones de fotos, algunas bellísimas, positivadas en cibachrome, que adornaron su casa de alquiler de Hermosilla cuando su vida no se había convertido en un caos de infortunios sucesivos.

No pudo más. Cuando fui a verle al último hospital donde estuvo ingresado por última vez se encontraba muy débil, y sin embargo, aún tenía fuerzas, para preguntarte por tu familia, tus ilusiones, tus problemas… Era imprevisible, excesivo… tierno, explosivo, inteligente, vivaz, con una mala leche impresionante, capaz de montar pollos épicos por la razón más nímia a un camarero, un policía, un bombero, o un cura, y también de desarmarte por completo con su mirada cálida y burlona de niño grande inmenso.

Muchas veces pensé que iba a verle por ultima vez, y siempre renacía. Aún recuerdo sus sabios consejos, las comidas en el De María de Félix Boix que se prolongaban hasta las cinco de la tarde cuando aún estaba bien y se comía todo lo que le ponían por delante, disfrutando y explotanto esa gula que fue su perdición y al mismo tiempo, tantas satisfacciones le dio… Una negligencia médica por una reducción de estómago le dejó semiparalítico, con las piernas casi inútiles. Él mismo lo contó a La Otra Crónica en este diario que os servirá para conocerlo.

Conocía millones de historias apasionantes y divertidas del mundo del paparazzeo
de los tiempos gloriosos, cuando una buena exclusiva te servía para poder vivir un año con desahogo, cuando los kioscos no habían empezado a desaparecer. También sabía anécdotas de importantes personajes históricos, tanto españoles como argentinos y europeos, tan aparentemente increíbles como veraces.

LLevaba quince años apagándose desde aquella jodida operación. Le gustaba comer y beber bien… Era hedonista, un gran filósofo y gourmet, y tenía un gran corazón que no funcionaba bien desde hace mucho tiempo.El marcapasos no le falló, pero sí las ganas de vivir. Y eso que tenía una fuerza inmensa, un sentido del humor y una vitalidad al ralentí que se fue apagando como una velita en los últimos cinco años. Muchas veces creí que me iba a despedir de él definitivamente. Murió el pasado viernes al mediodía, el 27 de abril, el Gordo, mi gordo.

Fue el fotógrafo de cabecera del inolvidable Papuchi, Julio Iglesias Puga, una de las personas a las que llamé aquel día del evangelista moribundo. Con él viajó mucho. También siguió a Joan Manuel Serrat por todo el mundo, y aunque se distanciaron, jamás consintió que nadie hablara mal de él, delante suyo.

A Roberto no le impresionaba nada ni nadie, ni siquiera la muerte. Con Jean Marie Rossi, el ex marido de Carmen Martínez Bordiú, conoció los mejores restaurantes de París. Roberto podía recomendarte los mejores hoteles y los mejores vinos del mundo. Nunca fue rico, pero gastó y malgastó y vivió como si lo fuera. Se lo llevó puesto. Me consta que Carmen Martínez Bordiú se portó siempre muy bien con él, así como su hija Cinthia y su hermana de padre, Marella.

Queda muy cursi lo de tuve el honor, pero lo cierto es que cualquiera no era amigo de Roberto. Éramos pocos los elegidos a los que trataba y a veces maltrataba. Ojalá estuviera todavía aquí.Cada vez que suena el teléfono pienso aún que es él desde el hospital. Te he dejado esta canción, Bernardo Paz me ha dicho que esta era una de tus  favoritas. Ahí va.

Aún le recuerdo moviendo mesas en casa de la baronesa Thyssen con Carlos Moraleda, de Queen, como Pedro por su casa, hablando con el barón y con la madre de Tita, mientras al resto de la prensa nos tenían esperando en el garaje para hacer cuatro fotitos con motivos de la inauguración del chalet de La Moraleja. La exclusiva gorda se la iba a hacer ” el gordo”.

Roberto conseguía extraer la chispa divertida de la situación más dura, macabra o delirante. Era fotógrafo pero sabía describir situaciones con un vitriólico sentido del humor que hubiera envidiado el mismísimo Quevedo. Muchas veces pensé que iba a verle por ultima vez, y siempre renacía. Aún recuerdo el día hace más de doce años en el que pensé que se nos iba. Estábamos en la UCI de la Princesa, creo recordar, y gastaba bromas sobre el “vecino” de al lado, un evangelista de quien su familia se estaba despidiendo.

Él resistió quince años desde aquella operación para acabar con esa enorme barriga que un médico quiso reducir de la forma aparentemente más sencilla para que, enfermo de asma como era, no muriera de un infarto.

El pasado viernes veintisiete de abril, murió al mediodía, el Gordo, mi gordo. Me enteré cuando iba, por pura casualidad,   hacia Rodilla, el lugar de el cual te pedía los sandwichitos. También le gustaban los de la pastelería América, que le llevaba otro amigo suyo y gran fotógrafo, Bernardo Paz. Tendremos que ir allí a darnos un homenaje en su honor, o a brindar por ti  en algún restaurante argentino. Perdóname por no haberte escrito antes, no tenía fuerzas. Sé que en algún sitio me estás leyendo.

Hace tiempo se cansó de vivir, y según he sabido saber en los últimos tiempos solo le gustaba comer sandwichs, aunque hubiera que llevárselos de contrabando a los hospitales donde estaba ingresado,  escondidos en cualquier sitio.

El superviviente nato, que al final de sus días pudo entrar en una residencia donde le atendían muy bien, dejó de luchar, y curiosamente, él, que destrozó su salud por la gula, dejó de comer. La comida de enfermo no le gustaba… Se fue apagando como una velita. Te he puesto una blanca en casa, y la apago y la enciendo de cuando en cuando, intento ahorrarla, como si al prolongar este extraño luto por ti te pudiera conservar de alguna forma.Tu muerte me ha dejado rota. Y me arrepiento de no haber hecho más por ti y me enorgullezco de haber sido tu amiga. Hasta siempre, gordo.

 

 

4 Commentarios
  • Alfredo Garofano
    mayo 3, 2018

    Reconozco al Gordo Roberto casi en cada frase que escribes.
    Gracias, me hiciste recordar lo mejor de él, que era mucho. Hicimos muchos kilombos y travesuras juntos, y reímos mucho, incluso cuando le lleve la última vez los sándwiches de Rodila a un hospital en Vallecas.
    La última vez que estuve en Baires hice una foto de su casa y se la mandé a Bernardo por si lo veía.
    Brindamos por el Gordo Roberto. Salutte!
    Alfredo

  • martacibelina
    mayo 3, 2018

    Gracias, Alfredo. Sé que te quería mucho, hablaba muy bien de ti… Tú y yo se los llevábamos de Rodilla, el mejor era Bernardo, con los famosos sandwichitos de América. Y su prima le llevaba empanadas argentinas auténticas. Tenía tan buen paladar que incluso medio detectó al final que unos que le compré en Iglesia la última vez que le vi no eran argentinos, . Los dueños argentinos de la cafetería de Eloy Gonzalo habían traspasado el negocio a unos españoles y estos los habían conservado en la carta pero no sabían igual. Un abrazo.

  • Mariano Duhalde
    mayo 3, 2018

    Gracias Roberto. Aprendí de Roberto todo lo que se de Investigación, Inteligencia, seguimientos, y técnicas para obtener información, aprendí que en ese oficio era importante ser amigo de encargados de edificio, de un chofer o peluquero y de los camareros de los bares. Que el trabajo se fábrica cada mañana con obstinación y perseverancia. Lo conocí desde siempre, formaba parte de mi familia ampliada. Cada frase de tu nota transpira Roberto, tuve el privilegio de ir a Paris con Roberto varias veces a perseguir famosos. Un día volví a Madrid y después de intentar trabajar en distintos oficios, el me ofreció su agenda y compartir su trabajo!, fue un año y medio de rutinas largas, bares interminables y viajes relámpagos. Un coleccionista caprichoso de pequeñas antigüedades. Exiliado por su profesión, inmigrante por adopción.

  • Eduardo maldonado
    mayo 3, 2018

    Adios gordo te conoci muy flaco en buenos aires me llevaste a paris te ayude a sacar unas fotos a carolina de monaco cenamos en paris me cumpliste un sueño de pibe gracias roberto buen viaje querido amigo

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